Escultura:
La inexistencia de piedras duras en la zona de aluvión de la Baja Mesopotamia convertía este tipo de material en un producto de lujo, objeto del comercio a larga distancia (que proporcionaba también gemas de la India, marfil africano, lapislázuli centroasiático o ámbar nórdico),24 lo que explica que la estatuaria monumental no sea tan frecuente como en la escultura egipcia. Sólo algunos reyes asirios mandaron realizar estatuas de bulto redondo, siendo mucho más frecuentes las de pequeño tamaño, de terracota o incluso de bronce o materiales preciosos (piedras finas —glíptica—, metales, etc. —véase la sección de metalurgia y orfebrería—).25 Obsidiana, diorita, dolerita, serpentina, hematites, jaspe, cornalina, esteatita, alabastro o incluso materiales tan corrientes en otras regiones como la piedra caliza, eran objeto de cuidado tratamiento. Muy abundantes son los sellos cilíndricos, utilizados como marcas de identidad, que se grababan en relieve inverso y se hacían rodar sobre la superficie a dejar «firmada». Los asuntos de los relieves sigilares (sellos) suelen consistir en representaciones mitológicas de horribles divinidades o de poderosos genios luchando con fieras y domándolas. Los temas de los relieves monumentales se ajustan a la glorificación del monarca, quien por lo común se presenta rodeado de cortesanos y recibiendo tributos de los países vencidos, luchando con sus enemigos y sometiéndolos a terribles tormentos, en partidas de caza u ofreciendo sacrificios.26 Estelas grabadas al bajorrelieve marcaban los hitos militares de los reyes y su actividad ritual y legislativa; mientras que los kudurru cumplían funciones de marcaje de límites. Exvotos ofrecidos a las divinidades representaban a sacerdotes o altos dignatarios. También fue muy abundante la representación de imágenes de dioses, espíritus malignos o protectores, u otros personajes de la mitología mesopotámica (Gilgameš, Enkidu, Uanna, Ninhursag). La decoración de los muros de los palacios asirios incluyó vastos frisos de bajorrelieves de batallas, cacerías o escenas cotidianas.27 Monumentales lamasu o kirubi protegían las puertas, y los muros de Babilonia se decoraron con animales fantásticos (Mušḫuššu) al bajorrelieve policromado mediante la técnica de la cerámica vidriada. En otros contextos, se esculpían otras figuras teriomórficas, como los siete «hombres pez» (apkallu o abgal).
Contemporáneamente a los inicios de la escultura egipcia, se desarrolló en la Baja Mesopotamia la escultura sumeria (con su prolongación en la acadia, babilónica o caldea), y más tarde en la Alta Mesopotamia la escultura asiria. La escultura mesopotámica, en ambas zonas, se caracterizó por la robustez de las formas, sobre todo, de las humanas (rechonchas y con vigorosa musculatura, anchas espaldas, aire severo, pómulos salientes, ojos muy abiertos, pobladas cejas y escasos pliegues en la vestimenta, la cual suele llevar grandes franjas). Los relieves ofrecen por lo común mayor profundidad que los del arte egipcio, con algún intento de perspectiva y más intensidad en la reproducción de detalles. La escasez de representaciones puramente pictóricas, y el hecho de que los relieves habitualmente se pintaban convierte a la escultura en la principal de las artes figurativas mesopotámicas. El tratamiento de la figura humana implicaba la personalización: se representa siempre a personas individualizadas, muy a menudo con su nombre grabado. De hecho, se pretende sustituir a la persona más que representarla, lo que implica el denominado realismo conceptual y convenciones artísticas en cierta medida similares a las egipcias: cabeza y rostro desproporcionados respecto al cuerpo, simplificación y regularización de las formas mediante la ley de la frontalidad (figuras de perfil y con el ojo de frente, aunque los hombros y el pecho guardan la posición natural —a diferencia de lo común en Egipto—), la simetría axial (de derecha a izquierda), el geometrismo o geometrización (inclusión en un esquema compositivo como el cilindro o el cono) y la perspectiva jerárquica (modificación del tamaño según la mayor o menor importancia, no según la mayor o menor lejanía). Aunque la calidad de ejecución escultórica suele considerarse como inferior a la de Egipto, es significativamente mayor el realismo con que suele tratarse la figura de los animales, siempre más expresiva que la del hombre (en las representaciones humanas no se pretende el realismo, sino la adecuación conceptual). En cambio, los motivos vegetales, poco presentes, suelen representarse de forma estereotipada, desprovistos de naturalidad o realismo.
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